viernes, 25 de octubre de 2013

333333una prolongada campaña en alta mar. La unidad partió del sudoeste de Escocia el 1 de abril y llegó a la zona asignada, al noroeste de Malvinas, dos semanas después. Desde ese punto llevó a cabo diversas misiones de reconocimiento sobre el litoral argentino entre Río Gallegos, Comodoro Rivadavia y las bocas del Río de la Plata y el 21 de abril recibió órdenes de dirigirse a Punta Delgada, al sudeste de la Península de Valdés y 480 millas al noroeste de Malvinas, donde la Central de Inteligencia británica había detectado al “25 de Mayo”. Una vez allí debía aguardar y proceder a hundirlo en caso de comenzar las hostilidades. El submarino localizó al portaaviones dos días después, en aguas poco profundas del litoral, donde le resultaba imposible operar, razón por la cual se le ordenó dirigirse hacia el sur y buscar al resto de la flota. El día 26 detectó al “Hércules” y al “Santísima Trinidad” navegando a la altura de Comodoro Rivadavia, muy cerca de tres corbetas A69 y de acuerdo a las instrucciones que tenía, comenzó a seguir a la formación hasta el día siguiente cuando una nueva orden lo obligó a poner proa hacia el norte donde todo parecía indicar que el “25 de Mayo” navegaba en aguas abiertas. El capitán intentó explicar al Comando Naval que eso era imposible porque el portaaviones debía estar cerca de sus escoltas pero su superior, el vicealmirante Peter Herbert, le exigió en tono firme cumplir la directiva. El “Splendid” buscó al portaaviones hasta el día 29 de abril cuando se le ordenó virar hacia el sur e ir nuevamente en busca de la formación anterior. No le resultó difícil dar con la misma; fue en horas de la tarde y para sorpresa de su comandante, a las unidades navales de superficie se les había incorporado el ARA “Comodoro Py” (D-27). El submarino aminoró su marcha para emitir un mensaje al Comando Naval y ese fue el preciso momento en que los buques argentinos aceleraron y se evadieron hacia el sudoeste. Poco después los equipos de a bordo detectaron un Sea King que hacía exploración emitiendo señales con su radar y eso los obligó a huir también a ellos. El 1 de mayo la Inteligencia Británica señaló al “Splendid” y a su gemelo “Spartan” la nueva ubicación del “25 de Mayo”. Las dos naves se desplazaron hacia allí pero al pero al llegar al punto indicado no hallaron nada.Dos días después, el capitán Lane-Nott fue advertido que unidades de superficie argentinas se encontraban a solo 50 millas náuticas al nornoreste de su posición y que debía atacarlas. Toda esa información provenía de los satélites norteamericanos SIGINT (Signal Intelligence) que habían reorientado sus antenas hacia Buenos Aires y Puerto Belgrano, los KH-11 Nº 3 y Nº 4 (Key Hole) de órbita baja, dotados de resolución diurna óptica máxima de 10 cm y nocturna de 60 cm y radares y sensores infrarrojos que permitían obtener la información en tiempo real. Puestos en órbita el 7 febrero 1980 y 3 septiembre 1981 respectivamente, se reprogramaron sus órbitas normales para que pasasen sobre el Atlántico Sur, haciendo dos sobrevuelos diarios junto a otros tres satélites de inteligencia electrónica cuya triangulación facilitaba un inmejorable panorama de la zona. Como bien explica Mariano Sciaroni, junto a ellos operaba un KH-9 del programa Hexagon/Big Bird de reconocimiento fotográfico lanzado especialmente al espacio el 11 de mayo de 1982, a bordo de un cohete Titán IIID, para cubrir la guerra. Mientras tanto, la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires y la Fuerza de Tareas descifraban las comunicaciones de la Armada Argentina empleando la información suministrada por la empresa suiza Crypto AG, fabricante de las cifradoras/descifradoras que aquella utilizaba, esto de acuerdo a información extraoficial obtenida después del conflicto. Ese mismo día, a las 07.35, la flota argentina ingresó en el Golfo San Jorge y allí se mantuvo en espera de instrucciones. Por entonces, se tenía la certeza en Buenos Aires de que submarinos enemigos merodeaban sus aguas continentales. En el diario de Guerra Liceo Militar “General Roca” de Comodoro Rivadavia quedó asentado el avistaje de uno de ellos ocurrido el 1 de mayo. Tres días después, a las 08.00, el pesquero “Doña Mariela” descubrió otro sumergible desplazándose lentamente en superficie a los 45º 10’ S de latitud y 66º 00’ O de longitud que, al parecer, percatado de su presencia, hizo inmersión de manera inmediata y desapareció. Otros avistamientos en Punta Tombo y Playa Unión, provincia de Chubut se sumaron a los anteriores en esos días, navegando por el Golfo San Jorge fue que se decidió lanzar un segundo avión en busca del submarino. Convocados a la Sala de Prevuelo del “25 de Mayo”, los pilotos de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina recibieron las indicaciones pertinentes y a las 09.25, corrieron hacia el Grumman S-2E Tracker matrícula 2-AS-24 que se hallaba en la pista para ocupar sus posiciones. El capitán de corbeta Héctor Skare lo hizo en el asiento del piloto, el teniente de fragata Luis Sanguinetti en el del copiloto y los suboficiales segundos Rodolfo Lencina y Jorge César Lencina, en los de los operadores, en la parte posterior. El almirante Allara observaba los movimientos desde la torre de mando junto al comandante del portaaviones, capitán de navío José Julio Sarcona y su segundo, capitán de fragata Ricardo Aumann. Cuando los mecánicos dieron el visto bueno indicando que todo estaba en orden, Skare y Sanguinetti clavaron la vista en el señalero de cubierta y siguiendo sus indicaciones,dieron máxima potencia a sus turbinas e iniciaron la corrida (09.35), levantando vuelo mientras ganaban el mar dejando atrás la imponente mole de hierro del “25 de Mayo”. Volaron cuatro horas sin dar con el objetivo por lo que, en el límite de su autonomía, a las 13.40, emprendieron el regreso. A las 16.16 despegó el Tracker 2-AS-26 del capitán de corbeta Alberto Dabini. Su copiloto, el teniente de corbeta Juan Carlos Bazán, el cabo principal Ernesto Paulinkas y el cabo primero Oscar Condorí completaban la tripulación que estuvo en vuelo hasta las17.40 cuando, después de sobrevolar las posibles rutas del objeto sin localizarlo, estuvo de regreso. A las 23.40 partió el 2-AS-22 al mando del capitán de corbeta Emilio Goitía, con el teniente de corbeta Horacio Núñez como copiloto, el cabo primero Néstor Conde y cabo segundo Juan Carreras completando la dotación. Su vuelo duró algo más de dos horas y finalizó a las 01.18 del 4 de mayo, sin ningún resultado. Hubo un accidentado vuelo nocturno del aparato matrícula 2-AS-26 que después de su derrotero, debió dirigirse a Trelew al experimentar fallas en uno de sus motores, reintegrándose al portaviones a las 09.03 de día siguiente. A las 00.23 del 4 de mayo se lanzó una nueva misión de exploración, esta vez a cargo del Tracker 2-AS-22, piloteado por el teniente de navío Juan José Membrana, con el teniente de fragata Gustavo Ottogalli como copiloto, el cabo principal Ernesto Paulinkas como operador de medidas de apoyo electrónico y el cabo primero Condorí a cargo de la pantalla radar. Debían sembrar una barrera de trece sonoboyas en Golfo San Jorge, para ser monitoreadas de a una, cada 15 minutos, por el equipo AQA-4 de a bordo y así detectar a posibles intrusos.A las 02.40 el “Splendid” navegaba al ras del agua cuando su radar captó presencia enemiga al nornoroeste de su posición. Esa señal se mantuvo hasta las 05.31 cuando aumentó considerablemente obligando a su comandante a ordenar inmersión inmediata a plano profundo. El submarino seguía la derrota del “25 de Mayo” en dirección norte, pegado a la costa del Golfo de San Jorge, cuando descubrió al avión. Como el eco desapareció inmediatamente después de la inmersión, Lane-Nott ordenó el ascenso a superficie, muy cautelosamente para “tantear el ambiente”. Con mucho alivio la tripulación comprobó que no había nada y que podían seguir adelante con su misión. Eran las 06.47 cuando el submarino ubicó al portaaviones junto a uno de sus escoltas y embarcaciones menores. Sin perder tiempo, se dispuso a atacarlo pero de manera repentina, los ecos desaparecieron de sus radares. Dos horas y treinta y cuatro minutos después, el equipo de alerta de a bordo captó una nave de envergadura desplazándose a 11 nudos en dirección al continente, novedad que llevó al capitán Lane-Nott a ordenar a la tripulación ocupar puestos de combate. El comandante sacó el periscopio a la superficie y para su desazón comprobó que la embarcación en cuestión era el enorme carguero “Formosa”, que atacado por error por la Fuerza Aérea Argentina, navegaba hacia tierra firme con una bomba sin estallar en sus bodegas. Después de suspender el ataque por entender que el objetivo no revestía peligro, Lane-Noot trazó un bosquejo de la embarcación y horas después hizo lo mismo con un segundo transporte que ubicó unas millas más adelante.

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